El calor y el sol del verano aceleran el desgaste de los limpiaparabrisas. Revisarlos antes de las lluvias puede evitar problemas de visibilidad y fallos en la ITV.
Las escobillas del limpiaparabrisas son uno de los elementos más olvidados del mantenimiento del coche, aunque juegan un papel clave en la seguridad vial. Muchos conductores solo se acuerdan de ellas cuando empieza a llover y descubren que dejan marcas, hacen ruido o no limpian correctamente el parabrisas.
Sin embargo, expertos y mecánicos coinciden en que el mejor momento para revisar o cambiar las escobillas no es en pleno invierno, sino justo después del verano. Las altas temperaturas, la exposición constante al sol y el polvo deterioran la goma poco a poco, incluso aunque apenas se utilicen.
Los fabricantes recomiendan sustituirlas aproximadamente una vez al año, aunque su duración depende del uso y de las condiciones climáticas. Si al accionarlas dejan zonas sin limpiar, producen chirridos o vibraciones, es una señal clara de desgaste.
Además de afectar a la comodidad al conducir, unas escobillas en mal estado reducen notablemente la visibilidad en lluvia intensa, algo que puede convertirse en un riesgo importante en carretera. También son un elemento que se revisa en la ITV, ya que el sistema limpiaparabrisas debe funcionar correctamente para superar la inspección.
Cambiar las escobillas es una operación sencilla y económica que puede hacerse en pocos minutos. Eso sí, es importante comprobar que el modelo sea compatible con el vehículo y respetar las medidas correctas para evitar golpes o un barrido deficiente del cristal.
Con la llegada de las lluvias y las tormentas de otoño, revisar este componente antes de que aparezcan los problemas puede marcar la diferencia entre conducir con seguridad o perder visibilidad en el peor momento.
Fuente: motor.elpais.com

